sábado, 5 de septiembre de 2015

Ahora mirá esta foto

Se llama Abdulá Kurdi. Es el padre del niño sirio cuya imagen estremeció al mundo. Miralo a los ojos. Miralo y decile a él, como le decís a muchos bolivianos, paraguayos o peruanos que se fue de su país para "robarle" el trabajo a otros o para "usarle" su servicio de salud o su educación pública. Miralo y decile que los inmigrantes son ladrones y las migraciones son "peligrosas".
Si te estremeciste con la imagen de su hijo y seguís pensando así, lo mínimo que te podemos decir desde acá es hipócrita.
Abdulá Kurdi intentó migrar buscando un futuro mejor para su familia.
Las migraciones, son patrimonio cultural de la humanidad, en movimiento. Un migrante lleva su cultura, sus costumbres gastronómicas, sus aprendizajes, sus saberes. Las migraciones nos hacen mejores, nos nutren, nos enriquecen.
¿Cuántos niños hermosos e inocentes como su hijo quedaron en el camino, murieron en un naufragio o en una frontera? ¿Cuántos niños y niñas quedaron huérfanos viendo a sus padres morir por un destino mejor? ¿Qué hay que esperar para que los constructores de muros entiendan que levantarlos no sirve de nada, que lo que hay que construir es una vida mejor?
Abdulá Kurdi quería a través de Turquía y de Europa, llegar a Canadá con su familia. Después que la foto de su hijo se conoció, Canadá le ofreció asilo. Lo rechazó. Abdulá Kurdi buscaba un futuro mejor para su familia, no para él.

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